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[Como la comida, los libros no saben igual para todos; Esta columna es solo una opinión.]

La opresión sexual a las mujeres no es un tema nuevo, tampoco lejano. Lo hemos vivido desde que tenemos memoria y en todo orden de cosas… La culpa es nuestra si nos violan, porque mostramos más de la cuenta. Somos ‘ligeritas de casco’ si hablamos abiertamente de sexo. Hay que parir a un hijo no deseado, porque nos gustó abrir las piernas, y si no nos gustó, si nos abusaron, hay que parirlo igual porque no tenemos derecho a no hacerlo, porque nosotras solo prestamos el cuerpo.

Así es, así ha sido y así seguirá siendo por harto tiempo, porque aún nos falta, porque los cambios son lentos y porque las revoluciones que incomodan cuestan mucho más.

Esto bien lo sabe Defred, protagonista de El Cuento de la Criada, una ficción distópica que Margaret Atwood escribió en 1985 y que hoy sigue más vigente que nunca.

La historia se desarrolla en un país ficticio que tras sufrir un golpe de estado por parte de políticos teócratas, pierde toda libertad de prensa y los derechos de las mujeres ya no existen.

Es un mundo donde las pocas fértiles que quedan, son propiedad del gobierno,  convertidas en ‘criadas’; esclavas sexuales sin derecho a hablar, salir, leer e incluso pensar sin la supervisión de su dueño, el Comandante.

Defred nos narra su espantosa rutina y las atrocidades a las que es forzada en su rol de criada, con pequeños flashbacks a su vida de antes, cuando era libre, tenía un trabajo y una hija que ahora no sabe dónde está.

Su lucha personal entonces es salir de allí. Ya no es dueña de su cuerpo –sometida a una ceremonia de penetración una vez al mes, con el fin de embarazarla-. Ya no es dueña de su vida, ni siquiera de su nombre (Defred significa que pertenece a Fred), y sabe que si alza la voz o contradice al sistema, será castigada con la muerte… Aunque francamente al leerlo te cuestionas si morir sea peor que seguir viviendo así.

Si bien se trata de ciencia ficción, El Cuento de la Criada es un libro totalmente necesario para el movimiento feminista. Obviamente la autora lo llevó al extremo, y compararnos con esa realidad sería una exageración. Sin embargo, si lo ponemos en perspectiva, no está tan alejado a las demandas que aún hoy no hemos logrado conseguir.

La protagonista era una mujer normal, que llevaba una vida normal en una sociedad normal, hasta que un grupo de fanáticos religiosos, que matan y violan en el nombre de Dios, se tomó el poder y le quitó su libertad, su derecho a elegir, a decir que no.

Una historia que no es fácil de digerir, aterradora y brutal, pero que debemos tener de cabecera en esta era, incluso más de 30 años después de su lanzamiento, porque nos enseña que aún con todo en contra, las mujeres nunca dejamos de luchar: no estamos dispuestas a seguir siendo un objeto, y no pararemos hasta acabar con la opresión sexual.

Por Macarena Valenzuela