La relación de Living Colour con el territorio nacional es una de las más sólidas y genuinas dentro de la escena del rock fusión. Desde aquel debut en 1993, el cuarteto neoyorquino ha forjado un vínculo inquebrantable basado en el virtuosismo y la energía compartida.
El público chileno destaca mundialmente por su intensidad y esa capacidad casi mística de conectar con la propuesta de Vernon Reid. Los fanáticos chilenos no solo corean los himnos, sino que comprenden profundamente la amalgama de funk, metal y conciencia social.
Recintos como el Teatro La Cúpula, el Club Chocolate o los otros tres venues en los que se han presentado el cuarteto neoyorkino en seis ocasiones, han sido testigos de jornadas donde la técnica de Will Calhoun y la voz de Corey Glover se funden con la ovación santiaguina. Esta respuesta apasionada ha permitido que el grupo regrese de forma constante, confirmando que Chile es una parada obligatoria en sus giras regionales.
Al respecto Claudio Allende, bajista de Paralaje, cuya banda abrió el último show de los estadounidenses y que se encuentra grabando su segundo álbum, comenta que “fueron cálidos y buena onda con nosotros”, explica: “es una de nuestras bandas de cabecera, por lo que compartir con ellos fue toda una experiencia. Nos decía que Paralaje era “so hard, so strong!” (risas). Lo fui a ver en 2019 como fan, y luego del teloneo se acordaba de aquella ocasión”.
El potencial de la audiencia nacional sigue sorprendiendo a los músicos por su renovación generacional y su oído crítico. No es solo un concierto de nostalgia, sino una celebración de la vigencia de un sonido que sigue desafiando todas las etiquetas raciales y musicales.
