TOOL

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Hasta antes de la pandemia, las salas SCD no permitían tributos, salvo uno: Tool. La fuerza con que mueven a sus fanáticos es de una ecuación inexplicable, pues concibe muchas interpretaciones desde la subjetividad del oyente y, claramente, de la inmensa cantidad de vacíos que llenan entre sus devotos con respuestas desde Fibonacci, el pensar por uno mismo, hasta cuestionar la autoridad.

Tool es, en hechos simples, el ramo cabezón de la carrera. Desde lo personal, siempre escuché la banda; “Lateralus” llegó en el saco de ‘Stinkfist‘ y ‘Track Nº1‘ en el 3×1 de un MTV de ensueño. Esto, hace veinte años.

Enganchó desde la vía del nu metal (gracias a los featuring junto a RATM y Deftones, respectivamente) más que por la trascendencia de sus letras incomprendidas para un pre adolescente de 12 años. Y sin más que la musicalidad y sobretodo sus clips, se quedaron hasta hoy, mañana, siempre.

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Posterior a ese suceso, llegaron pinceladas al repaso de su obra: “10.000 Days” (’06), el relato de agonía vivido por la madre de Maynard (voz); las sórdidas “Ænima” (’96), “Opiate” (’92), y recién en 2019, su disco en vivo (“Salival“, 2000). Ahí, y con mucha ayuda de reales fans, hizo clic el mensaje: “The Art of Work“.

A ratos, desde la latosa vía analítica, se pierde el disfrute de un álbum que va más por el goce melómano/audiófilo, que la matemática aplicada, el mensaje entre líneas o la eterna quinta pata que todos los sumergidos en este espiral buscan completar.

Largo aliento
La comprensión se logró de manera más fluida en la adultez con la llegada de “Fear Inoculum“. Aquí se arman las partes de esta herramienta: lo complejo en sus pasadores, los aforismos de sus letras, lo noventero en su onda, entre tanto más.

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Al escucharlo en su máxima calidad, calza lo que en algún momento un buen guitarrista del circuito, Javier Tapia (Fake Prophet, Potencia), lanzó con propiedad: “Danny Carey es uno de los mejores bateristas del mundo”. Más que por su técnica y su indiscutible desplante, es la entrega la que clava la afirmación. Elementos de Medio Oriente, metal estricto y mucho estudio, calzan con la afirmación del músico.

Siguiendo en ello, las cuerdas acompañan y protagonizan momentos elevados; Justin Chancellor, “placer de oídos más busquillas”, según Sebastián Saavedra, profesor de historia del Liceo Talagante y fan de la banda, cuenta que el desempeño del bajista “es un acto de humildad y rebeldía entre tanta hipérbole de sonidos y rigurosidad técnica”.

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Chancellor (NDR: único inglés en la banda) encontró la forma perfecta de contribuir al cierre de este círculo. Expone de manera perfecta el camino a seguir para recuperar la humanidad que Maynard propone en este disco (…) Logra ser el que junta toda la mezcla.

Mientras que Adam Jones exhibe “madurez compositiva y creativa nunca antes vistos, como en el solo de ‘7empest’” según nos relata Nicolás Saldivar, miembro fundador de Auris y único chileno en compartir con 3/4 de la banda en persona. “Logra elementos técnicos más complejos que en otros álbumes, con patrones menos orgánicos donde favorece el tecnicismo y lo complejo (…) Simplemente fluye”, asegura.

Finalmente Maynard comentó para Ipersonica.com que los bocetos comenzaron a alinearse ¡en 1995!: “Creo que nos llevó mucho porque estábamos en la edad donde queríamos que todo fuera perfecto y con el éxito que habíamos conseguido teníamos miedo que no se aceptase lo que fuésemos a sacar”.

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Motivados por el miedo y los procesos, “Fear Inoculum” deja satisfecho, con ganas de escucharlo por el simple placer de oír algo bueno en un mundo de comerciales de tres minutos. Indiferente de los 13 años de espera (My Bloody Valentine demoró 22, Guns ‘n’ Roses 14 y así una larga lista), la terapia sirvió para enfrentar los temores del fracaso musical, las ansiedades de sus feligreses y la libertad creativa que a estas alturas ya es un derecho bien merecido para la iglesia de Tool.

Al cierre de la nota, el quinto álbum del cuarteto se tradujo en: Disco de Oro (medio millón de unidades físicas vendidas en la era del stream), rumores oficiales de un nuevo EP, participación de Keenan en Smashing Pumpkins y el incremento de verlos algún día por el último país del mundo.

Por Juan Gmo. Carrasco